Para Juan Carlos Rodríguez
Beltrán,
que me enseñó el poema en el
que Billy Collins
le quitaba la ropa a Emily
Dickinson
“Primero
la esclavina de tul…”
Billy Collins
Como quien asalta un templo,
un bosque,
un patio trasero con la ropa tendida.
Así, de esta manera,
con la sutileza del lince
y las garras de la pantera,
con los ojos del búho
desde el hueco nocturno de su árbol,
así, me fui acercando
para desnudar por asalto
a Marianela.
Me acordaba, es cierto,
que fue Billy Collins el poeta
que soñó con quitarle la ropa
a Emily Dickinson,
pero ella sólo era un retrato en un cuadro,
la cárcel de un negativo fotográfico
en el que fue condenada a pasar el tiempo.
Además, yo no iba a encontrarme
con trampas ni con soldados emboscados,
ni tenía que dejarme en la aventura
mis dedos finos manchados de tiza,
después de socavar broches, corchetes,
presillas de sirena, engarces, botones de madreperla,
cintas y cinchas, horquillas y corsés de hueso de ballena.
No. Mi Marianela es real,
desde el primero de sus átomos
al último de sus poros.
Su pelo huele a canela y a vainilla,
sus senos se sostienen solos y son de azúcar
y fresas batidas con nata.
Y en su rincón más íntimo
las abejas han puesto un panal de miel
y el beso callado que tienen en la nuca
las golondrinas.
Así, entonces, voy desnudando a Marianela:
el fular del cuello de cisne,
el jersey color de arco iris,
la camisa azul con botones de viento,
la falda de cinco vuelos,
el sostén donde se cuaja el zumo de sus naranjas de invierno
y esa pequeña fajita de tela
que se hace nudo y se pierde
entre las sábanas de holán.
Entonces, miro a Marianela desnuda,
el cabello suelto repicando sobre los senos
como una campana de guata,
los zarcillos del vientre,
el humus donde la tierra se hace herida
y todo crece.
Y la veo tan desnuda, tan desnuda…
que corro a su guardarropa
y le llevo un sombrero,
uno de esos de fieltro
con una cinta azul en su cuello
y besándola en los labios
y tomándole los senos
le acaricio su nuca de pájaro
hasta que juntos
alzamos el vuelo…
Iosu Moracho Cortés
Mayo 2013

Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarUn poema precioso, amigo mío. Me alegro de que sigas escribiendo
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