Para
Jesús Vicente Aguirre,
Carmen
Medrano e Iñaki Ramos,
porque
su lucha sigue siendo imprescindible.
En la Escuela
de las Américas,
el Ejército de los EEUU
ofrece a sus alumnos
la diplomatura de Sicarios
y el graduado con el título de Asesinos.
En los diferentes cursos
y en los correspondientes masters de especialización,
los profesores experimentados en el campo de las atrocidades
imparten asignaturas
que disfrazan bajo el paraguas
de Guerra de Baja Intensidad.
Estas clases de sufrimiento
se dirigen a formar a los futuros especialistas
en tortura, extorsión, inculcación del miedo,
machismo, infiltración, imposición de la voluntad
y desactivación del trabajo popular revolucionario.
La baja intensidad
cuenta con grandes recursos
y alta tecnología,
otra vez bajo el paraguas
de algo que se llama Seguridad Nacional.
Nunca me ha gustado llevar paraguas cuando llueve.
Es más, siempre que lo he hecho, me he sentido cómplice del viento
en contra del destino de la lluvia, que era mojarme.
He visitado recientemente bajo la lluvia, esa ciudad hermosa
que es Logroño,
me he empapado en sus calles y con sus gentes,
he bebido sus vinos y sus caldos de madrugada.
Me he sentido solidario con los que se fueron antes.
Y he tenido la suerte de conocer en un recital de poesía
a dos personas maravillosas: Jesús e Iñaki,
como aire fresco del pueblo y de la sierra.
Gentes que lucharon un día, en compañía de Carmen y de otros y otras,
y que hoy siguen luchando porque la batalla final no se ha ganado
y hay quien todavía quiere olvidar a los muertos en las cunetas
y quiere que el olvido sea la tierra que lo borre todo.
Pero este olvido, como decía Benedetti, está lleno de memoria,
Memoria de nuestra vieja Historia, para ser contada con Verdad
y con la música del Pueblo.
Yo sé que llegará un día
en que el viento del Pueblo
arrancará de las manos de los poderosos y de los asesinos
todos los paraguas,
despojará a los mercenarios de sus máscaras
y a los dirigentes de sus vellón de ovejas.
Entonces veremos a los lobos
desnudos y empapados
bajo la lluvia fina de los días de lucha,
de constancia, de trabajo y de cotidianeidad.
Serán las pequeñas cosas de cada día,
al ritmo de la música del Pueblo,
las que, llevadas a cabo por el corazón de los sencillos,
las que derriben los muros y las alambradas
de esa escuela de asesinos
y de esa desmemoria y magnicidio de esa guerra vieja
que fue la nuestra.
No quedará piedra sobre piedra
en ese solar vacío.
Todo será memoria y recuerdo
de los que un día fueron vencidos
pero nunca derrotados.
Entonces, allí mismo, aquí mismo,
plantaremos trigo, maíz, olivos
y nuestros pequeños podrán jugar y aprender a ser libres
en otra escuela sin muros, ni armas, ni mentiras, ni olvidos,
una escuela sin paraguas
y sin títulos de Asesinos,
donde convertirse en Ser Humano
sea el único graduado que nos dé el destino
y donde los muertos de todas las guerras
no sigan muriendo sino que vuelvan a la Vida …

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