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domingo, 27 de febrero de 2011

Retorno a la isla: Linn Ullmann


“Los recuerdos no son grandes, sino pequeños y duros, como los cantos rodados”, esto dice Linn Ullmann, la escritora noruega en su último libro Retorno a la isla. Editorial Lumen 2010.

A mi, últimamente, los recuerdos se me caen de las manos y se me extravían, dejándome el bolsillo vacío y una sensación de extrañeza en el estómago. Lo cierto es que procuro cuidarlos, anotarlos en algún cuaderno para que vivan ahí y dentro de un tiempo tengan quien los lea. Recuerdos que llamen a recuerdos. Recuerdos que convoquen y sean como chispa que prenda la fiesta.

La de Linn Ullmann es una historia casi biográfica. Eso reza la tapa del libro. Bella fotografía, por cierto. Nunca sabremos hasta que punto de todas formas. Un escritor cuenta lo que quiere y esconde lo que puede. Hay mucha Ullmann bajo estas páginas sensibles, bien contadas, narradas ágilmente. A mi el libro me atrapó enseguida. La trama te enreda y se lee fácil. Lo cual no significa que sea una historia que sea simple. Todo lo contrario. Hay historias en la historia. Vidas cruzadas y acontecimientos que lo cambian todo.

“Cuando se detiene la mirada también se detiene el pensamiento”. Nada hay más necesario, aunque el resultado sea el desencadenante de determinados recuerdos y de viejos dolores. Sólo se supera lo que se vive si se asume conscientemente. La vida siempre duele. “Siempre se debe trepar a los árboles si se tienen” porque si no nos perderemos la dicha de la altura, el horizonte más allá de nosotros mismos, más allá de la isla. Y a esta tendremos que retornar algún día…

En el libro de Ullmann hay varios personajes que por una u otra razón seducen. Uno es el viejo patriarca Isak Lövenstad. Su vida azarosa, sus amores desordenados, su intransigencia y su ternura, todo desbocado. Erika, la hija de Elisabeth, quien en principio nos guía en el relato, su pasado, sus amistades adolescentes, Ragnar, el tercero de los personajes, el más débil, el más humano. Y Laura, la hija de Rosa la segunda esposa del viejo, que dice sus palabras como quien trepa desde los abismos.

“Crear es tanto saber limitarse como dejarse llevar”. Y qué difícil es encontrar el término medio, porque como dice Vincent Van Gogh, todos los días olvidamos. De olvido estamos hechos y a veces, de olvido sobrevivimos. Lo que si está claro es que el olvido siempre nos sobrevive. Quizás para conjurarlo, algunos, escriben.

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