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martes, 22 de marzo de 2011

Destino oculto

Apreciado amigo Manuel Vicent:

El pasado domingo fui al cine a ver una buena película y acerté al elegir Destino oculto,

protagonizada por Matt Damon, Emily Blunt. Luego, a la noche, leí en la prensa su artículo Rechazar y comprendí que, o bien las causas llaman a las puertas de los efectos como el hijo pródigo que regresa a casa, o son los efectos los que buscan las causas que les den razón de ser, como el padre amoroso que espera a la oveja descarriada.

Destino oculto habla sobre el poder de controlar el destino de los individuos. Es un poder encarnado en unos hombres grises y asombrerados –sin sombrero no son nada-, que reprimen sus sentimientos y sirven al sistema, por nuestro bien individual y el colectivo de la raza humana.

El análisis que hace uno de ellos de los diferentes periodos de la historia es tremendamente lúcido, aunque manipulador. Cuando los hombres grises no han actuado ha sucedido el oscurantismo, las guerras mundiales, los fascismos, el holocausto y la descomposición social. La humanidad sola, por sí misma, no sabe, no puede. Necesita la ayuda de un sistema de control, un grupo de ajuste, un gran hermano a lo 1984 ó a lo 1Q84 de Murakami. Nada es lo que parece. Nuestros destinos son de libro y el libro de cada uno lo escriben y lo controlan ellos. Nosotros actuamos al dictado.

Sólo dos cosas se les escapan: el azar y el amor. Contra lo primero caben las “correcciones”, pero lo segundo exige la “reiniciación”, su reject, amigo Manuel, para lo cual pulsan en cada ser humano, como si de componentes informáticos se tratara, la tecla reset.

Hay una cosa más que desestabiliza este sistema organizado, y es lógico por otra parte que así sea: las corrientes de agua, o su cercanía, despistan o desbaratan los planes de estos hombres grises, esos seres de niebla que constantemente me recuerdan a los de Momo de Michael Ende. Será porque no hay posibilidad de poner cauce a las aguas. Será porque la vida es como el agua, que fluye por donde quiere o por donde puede.

Vea, vea usted la película, amigo Manuel, seguro que le gustará y que se sujetará el horror como yo me lo sujeté. Un abrazo desde esta Pamplona de provincias.

Iosu Moracho

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