La vida,
con el motor parado,
y el calendario ebrio de recuerdos.
Esa manera de decir las cosas
sin palabras, sin gritos, sin espejos.
Versos que llegan
y versos que no necesitan escribirse,
porque toda la intimidad es ya poesía.
A estas alturas, todo lo que ha sido vivido
es un don que ha venido envuelto
en el papel transparente de los días laborables.
El silencio es la manera que tiene la prudencia
de decir que estamos para lo que haga falta.
Dime,
¿a qué lugar de la habitación
van a parar las preguntas
que no dices cuando miras al vacío?
¿Existe alguna manera posible
de recoger y guardar todo aquello que no decimos
en un bote de cristal,
como se guardan unas monedas,
un poco de arena
o las conchas de la última playa?
De madrugada,
una mujer espera sentada
que venga el rayo de sol
que dará sentido a su pequeña cotidianeidad…
Iosu Moracho


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