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sábado, 10 de marzo de 2012

Homo Habilis





El homo habilis labró las piedras, dice Ernesto Cardenal.
Les extrajo la punta de lanza que guardaban dentro,
la flecha que heriría el pecho del venado, y el del otro homo habilis.
Dedujo el hacha de la parte natural más roma,
lijando con pedernal la piedra que era más blanda.
Educó la mano para el trabajo de la escultura sin saberlo,
utilizó las herramientas para dejar de ser animal
y convertirse en ser humano.
Las lajas de pizarra, las rastras de silex, las escalas de canto rodado
fueron los primeros materiales de escuela del ser que se hizo humano.

Al compartir las herramientas el homo habilis se socializó.
El fuego fue la primera taberna de la humanidad.
Y no existía el alcohol para hacer amigos…
Las aventuras de caza al caer la noche,
el primer libro de cuentos en lenguaje oral.
La primera cuadrilla, el grupo de caza.
El primer líder, no el gracioso, sino el más hábil entre los habilis.
La primera conquista, con un pedazo de carne ahumada
arrojado a los pies de una mujer habilis.
O tal vez fueran ellas las que tomaran la iniciativa.
Ellas, las que labraran las piedras,
y extrajeran de su seno la aguja, la punta perfecta de flecha,
el pincel con el que pintaron en la cueva los sueños tejidos
durante la noche,
ellas las que arrojaran a los pies de ese animal medio humano,
su último descubrimiento, que la carne de gacela
que había caído en la hoguera la noche anterior,
sabía mejor cuando estaba hecha en ese fuego.
Tal vez no hubo patchwork ni reunión de amigas,
sino investigación científica de sensibilidades observadoras.
Inducción y deducción, aprendizaje por ensayo y error,
maestría en el comienzo de los tiempos.

Muchos animales cazan juntos, pero no comparten lo cazado,
dice Ernesto Cardenal.
Cuando aprendimos a compartir ya no fuimos más bestias sino humanos.
Tuvimos que subir al árbol, para bajar de él.
Y cuando descendimos al blando suelo,
nuestros pies se hicieron planos para caminar
y no curvos, para trepar.
Así, caminando llegamos a los mares de hierba
y nos pusimos en pie para buscar a las fieras,
y a los que se perdían en la espesura de la noche…

¿En qué momento dejamos de ponernos en pie,
cuando uno de los nuestros se ha perdido?

Homo habilis, al principio, cuando éramos el embrión
de la humana humanidad…

                                                    Iosu Moracho Cortés
                                                    Marzo 2012

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