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Poemas escritos por Iosu Moracho by Iosu Moracho is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License.

domingo, 5 de febrero de 2012

Lo que respira



Bien. Acabo de leer unas páginas de un libro
que se me resiste desde hace unos días.
No porque sea costoso leerlo, -que no lo es-
sino porque últimamente se me cuelan otros libros y otros papeles
cuando me pongo frente a él.
Así, faltándole al respeto, colándose en la fila de mi lectura,
como si fueran desempleados desesperados en la cola del paro.

El libro en cuestión es La ladrona de libros de un tal Markus Zusak,
nacido en Sidney en 1975, con el nombre de Branco Cincovic
escritor de novelas y de literatura infantil,
que creció escuchando historias sobre la Alemania Nazi,
el bombardeo de Munich y el maltrato de los judíos.
Ha sido conserje y profesor de inglés…

Bueno. En La ladrona de libros, quien habla es la muerte,
y lo hace tiernamente. De hecho la ternura es una de las características
de los libros de Zusak, y también de sus personajes:
su ternura o su falta de ella.

La frase de la que parto es simple, ingenua si se quiere, pero
como dijo Wislawa Szymborska, -me duele hablar de ella en pasado-
las buenas preguntas son las ingenuas, las inocentes:

¿Cómo se sabe si algo está vivo?
Comprobando si respira…

Esto sucede con las personas y con los acontecimientos,
también con los pueblos y con las ideas.
La frase pues, no es tonta, ni mucho menos.

De repente me detengo. Me paro donde estoy
y me pongo a mirar a mi alrededor a todo lo que veo.
Y voy trazando círculos cada vez más amplios,
una espiral que puede acabar, si quiero, en la puerta del cuarto,
en la de mi casa, en mi barrio, en la ciudad en donde vivo,
en el lugar donde trabajo, en mi país, en mis relaciones,
en mis ideas y valores, en el mundo, en la naturaleza
en las estrellas que se clavan como chapitas de luz
en el póster del universo,
y aun más lejos, en ese Dios que no veo
y que me respira en cada instante.

¿Cómo se sabe si algo está vivo?
Comprobando si respira.

Bueno, viejo Descartes, yo respiro, luego estoy vivo.
En eso no pensaste. Y no es una ilusión,
porque cuando me paro un rato y detengo el aire dentro
siento que alguien quiere que yo siga siendo respirado.
Alguien me cuida, pues, tiernamente.

¡La de círculos que compromete esta espiral de preguntas!

¿Estará viva la solidaridad humana?
¿Estará viva la resistencia frente al consumo y el capitalismo?
¿Estará vivo el movimiento de los indignados e indignadas?
¿Estará vivo el activismo sindical, el estudiantil,
el social, el político, el ecológico, el humanista…?

¿No nos habremos muerto, verdad?

¿Cómo se sabe si algo está vivo?
Comprobando si respira.

¿Por dónde respiramos?
Las ideas y valores que otro tiempo movían el mundo
están en la Unidad de Cuidados Intensivos,
con un respirador mecánico que apenas levanta una montañita
cada pocos segundos, en una pantalla anodina.

Respiramos. Respiremos. A veces es cuestión de esfuerzo
y de constancia, de ejercicio de sensibilidad y de ternura.
Por eso me gusta Zusak, porque permite respirar en medio del dolor,
porque lo exige la más elemental de las supervivencias.

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