Muerte en M-51
Hoy supimos que murió una estrella
en la galaxia del remolino.
Los científicos que observaron el acontecimiento
y que presenciaron con gozo
los fuegos artificiales galácticos,
han renunciado a ponerle el nombre de una muchacha.
Todos los días mueren estrellas, dicen
y es más práctico recordarlas por un número.
Uno, que indique su posición y su latitud espacial
como por ejemplo RV2 18 MPS.
Uno, lo suficientemente abstracto
como para expresar sin que nadie sufra
la inmensidad de un universo cortado a cuadrícula.
Así, del Big Bang desordenado,
el ser humano ha tejido orden, constancia e historia.
Hemos hecho ciencia de las constataciones,
como si se pudiera desarrollar una teoría
que encerrase la cuadratura del alma,
o enunciar una ley que afirmase el amor
que en estas soledades se siente por una muchacha.
¿Sabes?, aun recuerdo los fuegos de artificio de aquel verano
en
Todos los días se mueren estrellas, dicen…
pero no todos los días tiene uno la oportunidad
de amar a una muchacha
bajo la luz estelar de una cascada pirotécnica.
Después de tantos años,
ahí sigue mi pequeña supernova.
Nuestro combustible nuclear
lejos del colapso.
Las capas gravitatorias
en equilibrio.
La entropía,
extraña en nuestro universo
ajeno a las explosiones termonucleares.
Y sin embargo
hoy ha muerto una estrella en la galaxia M-51.
Un amor gigante
enriquecido durante millones de años
por nubes moleculares con todos los elementos más pesados que el oxígeno,
no ha servido para detener su cataclismo.
De repente, se ha consumido
colapsando su núcleo de hierro,
rebotando hacia fuera
y destrozando la estrella…
Y las parejas cada día se separan antes…
Y los amigos que decían que se amaban
ahora corren en direcciones contrarias,
en universos paralelos…
Y no hay nada tan espectacular
como la simetría casi perfecta
de una estrella moribunda.
Y es que la muerte también puede ser perfecta
como la geometría,
o como las sombras que rodean a un halo de luz
sin apenas turbulencias,
o como las fiestas de aquel verano
desafiando la segunda ley de la termodinámica,
mientras una nube de gases en expansión
desarrollaba ecuaciones teóricas
para las más avanzadas computadoras…
Y el amor nada sabe de la física cuántica…

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