Pan
Comido
(Para Isabel Bono, mujer y
poesía)
“Igual que un
trozo de pan que se hincha
y al
momento se disuelve bajo leche hirviendo…”
Isabel
Bono
Pan comido
Bartleby
Editores
Entre cactus del desierto de Nevada,
- donde según Agustín Fernández Mallo hay un árbol
cuyos frutos son zapatos -, con sus depósitos llenos de perlas de
agua,
y sirenas de esta mar poderosa, con sus gargantas repletas de cantos
que me seducen, he terminado, por fin, de leer tu librito,
- unas tres o cuatro veces -, las suficientes para saber que la poesía
no tiene mapas que la escriban, pero sí palabras que la dicen.
Amiga Isabel, ahora sí que puedo decir
que tu pan sabroso y caliente, me lo he comido entero
como un niño que quiere crecer y que sabe
que el pan no engorda, sino que alimenta, así, untado en versos,
con un poco de azúcar y otro poco de sal,
porque la vida, como la escritura, lo tiene todo, todo, todo…
A estas alturas ya sabrás también,
que tu libro ya no es el mismo. Está subrayado a lápiz
y tiene anotaciones en las jambas,
porque tus poemas me han hablado fuerte y claro.
Tal vez, porque tenía hambre de pan,
o porque con aceite y ajo, tostados en la Carmela , tus versos
entraban mostrando sentimientos desnudos,
llenos de pájaros y de abejas,
de canciones sin eco y habitaciones vacías,
de barcos que naufragaron hace tiempo en el mar del destino
y de universos corpóreos que sólo se dan a los amantes y a los gatos
para que sean lamidos…
Campos de minas, estrellas bajadas a pedradas,
trincheras del entendimiento y el respeto, procesos personales,
elefantes que chocan sus cabezas en el campo de batalla de cada día
y que al final, van a morir a un cementerio perdido
en algún rincón del África oculta.
No quieres ver sufrir a los que amas.
Yo tampoco he escrito esto para consolarte,
cada quien vive como puede los azares de la vida.
Además, cuando se decido no mentir,
siempre se está desnudo.
Chejov y Carver no lo habrían dicho mejor.
Sé que te son familiares…
Los versos que escribiste, me rozan la espalda a ratos.
A veces me pesan, a veces me pasan por encima,
como un tren que corre hacia un destino que desconozco.
Siempre ese miedo a no controlar las cosas…
Las vidas de los que permanentemente aprendemos a mirar,
a escuchar o a sentir, son eso,
son patios de recreo en los que juegan los niños,
calles amplias en las que las parejas se besan o discuten,
parques llenos de estatuas ecuestres en cuyos pies se abrigan los
mendigos.
Como dijo alguien, - tal vez fui yo en otro tiempo -
ya nacimos, lo peor ya ha pasado.
Jamás volveremos a estallar para volver al principio.
Gran libro amiga. Gran libro.
Te regalo dos estrellas del cielo de esta noche.
Tómalas, son tuyas.
Para vivir no es necesario el paraíso,
tan sólo una idea de él clavada en lo alto,
como un Dios que sangra por todos sus clavos.
He aprendido mucho contigo
- y espero seguir haciéndolo -,
hemos llegado a estas ruinas por distintos caminos.
¿Ahora qué hacemos, borramos todo el mapa,
o construimos nuevas casas con las piedras que quedaron?
Ahí afuera los lobos aullan.
No. No están cantando.
Iosu Moracho Enero de 2012

sé que llego dos meses tarde
ResponderEliminarpara darte las gracias
dejemos que los lobos nos canten al oído
ya veremos después en qué transformamos todo eso,
porque escribir es eso
gracias por tu palabras