“El
viento viene con ceniza, con viento y con agua”
Pablo Neruda
“Conducta y
poesía”
Primero fuimos peces,
más tarde anfibios y después lagartos.
Algunos se hicieron grandes y se los llevó la gran piedra.
Otros aprendieron a volar y se alejaron de nosotros en su sueño de
alturas, quizás por pretender llegar a Dios volando,
y ese fue su castigo, volar eternamente en ese atajo.
Otros, sin embargo, nos conformamos
con trepar a los árboles,
quizás nos atraía la misma luz que guardaba el horizonte,
quizás era la forma que tenía la utopía de llamarnos,
quizás fue, sencillamente, que no nos atrevimos a dar el salto
y que por eso no tuvimos alas sino memoria.
El caso es que nuestros sueños se hicieron cortos
y un día, bajamos de los árboles para llegar más lejos.
Así nos internamos en la floresta de las altas hierbas.
Allí nos pusimos de pie por primera vez
y estiramos la cabeza para observar
si el tigre de dientes de sable, el león o la pantera
removían las hierbas en nuestra búsqueda.
Al levantar la cabeza, estiramos también el cuello
y nuestra mirada se hizo más larga
y nuestras cuerdas vocales se ajustaron
al arpa de la laringe para poder hablar.
También nuestro cerebro se fue para atrás
y nuestras mandíbulas, lo cual nos hizo más bellos…
De noche, en torno a la hoguera, aprendimos a hablar
y nos contamos nuestros sueños,
nuestros deseos, nuestros temores,
quizás fue ahí donde lloramos por primera vez…
Iosu Moracho Cortés


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