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domingo, 2 de marzo de 2014

Paco de Lucía


Ayer moría en México, a los 66 años,
el maestro Paco de Lucía.
Un infarto golpeó el corazón
de uno de los más grandes artistas
de ese arte profundo y doliente que es el flamenco.
Muerto Paco de Lucía
la guitarra se nos queda huérfana.

Flamenco le dicen, al pájaro de cuello largo y cuerpo rosado
que puebla las cálidas lagunas de las tierras tropicales.
Hermano de la garza, la cigüeña y el ibis egipcio,
el flamenco emigra en bandadas de pájaros que cantan
como si se dolieran de todo el sufrimiento que ven desde lo alto.

Flamenco es también el canto del sur, la canción de las minas,
la ruta del corazón cuando se desgarra y toma partido por los que sufren.

Paco de Lucía aprendió a tocar la guitarra antes que a escribir.
La guitarra le contaba los cuentos que ayudaban a pasar la noche
y a salir de la noche esperando al alba.
Sus dedos largos y finos, aprendieron a acariciar las seis cuerdas
de ese instrumento que tiene el pecho ronco y cuerpo de mujer.
Música redonda, rotunda, perfecta, melodiosa, envolvente.
Música del alma que se revuelve entre las cuerdas del ring de la vida.
Música que se agita, se lamenta y se deja acompañar
por palmas y por gritos, para pasar el trago del dolor.

Dicen que Paco de Lucía insultaba a su guitarra
y la llamaba con palabras enormes y duras,
porque a la vez que le hacía expresar la vida que llevaba dentro,
le producía una tensión enorme que le desgarraba.

Una vez más, aquello que te da la vida,
es aquello que también te la arrebata.

Ayer murió Paco de Lucía. Se fue el más grande.
Hoy, el flamenco llora más triste
y en el cielo de los pobres se baten palmas de fiesta…

Iosu Moracho Cortés

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